La nueva pelea de Trump con CNN reaviva un debate sobre la prensa en EE.UU.












WASHINGTON.- El choque de Donald Trump con el corresponsal jefe de la cadena CNN en la Casa Blanca, Jim Acosta, escaló la confrontación del presidente con la prensa norteamericana crítica, pero también reavivó un debate que data de la campaña presidencial de 2016 sobre la cobertura mediática del magnate: esa confrontación, y la atención que recibe, advierten algunas voces, es funcional a Trump.





























Acosta fue uno de los primeros periodistas que tomó el micrófono en una tensa conferencia de prensa de Trump en la Casa Blanca tras conocerse los resultados de las elecciones legislativas, que le asestaron un revés al oficialismo que Trump desconoció, al proclamar una “gran victoria”. Acosta le dijo a Trump que quería “desafiar” su caracterización de la caravana de migrantes durante la campaña como una “invasión”.

“Honestamente, creo que deberías dejarme a mi conducir el país. Vos conducí CNN”, le respondió el mandatario.




























Durante el cruce, una pasante de la Casa Blanca intentó quitarle varias veces el micrófono a Acosta mientras miraba de reojo al presidente. Acosta insistió con sus preguntas, pero al final cedió. Trump lo tildó de una “persona terrible” y “grosera”. A la noche, Acosta intentó ingresar a la sala de prensa y se enteró que habían revocado su credencial.La pelea se convirtió en una de las noticias del día. Antes de ser desterrado, Acosta apareció en la pantalla de CNN para hablar de la conferencia y discutió su cruce con Trump. Dejó una promesa: “Vamos a seguir defendiendo al pueblo americano. Vamos a seguir haciendo nuestro trabajo”.

La Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca emitió un comunicado en el que exigió al gobierno de Trump dar marcha atrás y “objetó fuertemente” la decisión de utilizar las credenciales “para castigar a un periodista con quien tiene una relación difícil”. CNN respaldó a Acosta. La Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, según sus siglas en inglés), paladín de la defensa de la libertad de expresión, dijo que era “inaceptable” que el presidente expulsara a un periodista “por hacer su trabajo agresivamente”.








La prensa afín al presidente, por el contrario, defendió la decisión. “Si un periodista conservador se comportara como éste lo hizo, forcejeando el micrófono con una ayudante, haciendo que todo fuera sobre sí mismo, la indignación colectiva de los medios sería muy fuerte”, dijo Laura Ingraham, aliada de Trump y comentarista de Fox News.A la par de esos rechazos y apoyos, hubo voces que también advirtieron que el presidente busca la pelea con la prensa porque lo beneficia, al quitarle la atención mediática a otros temas, y porque además le deja réditos políticos con su “base” de seguidores, entre quienes la llamada “prensa tradicional” tiene una credibilidad nula.








“Esto es lo que el presidente quiere. Si realmente pensara que Acosta fue injusto, ¿por que le dio una pregunta? Porque quiere la confrontación”, dijo el corresponsal del New York Times, Peter Baker.

Jay Rosen, profesor de periodismo de la Universidad de Nueva York, dijo que la Casa Blanca está “encantada” de que los periodistas aparezcan a cubrir y a hacer preguntas porque “usar a los periodistas como objetos de odio es básicamente como Trump mantiene su poder”.








“Un sorprendente número de periodistas estadounidenses parece más entusiasmado con las credenciales de prensa de Acosta que el reemplazo de Trump del Fiscal General Jeff Sessions”, escribió en Twitter Ian Bremmer, presidente de Eurasia, al referirse que acaparó las tapas de los diarios tradicionales. “Envía un mensaje fuerte al presidente”, agregó.

En abril último, la comediante Michelle Wolf, invitada a dar el tradicional monologo de apertura a la cena de corresponsales de la Casa Blanca, cargó contra los medios, a los que acusó de estar “obsesionados” con Trump.

“Ustedes están obsesionados con Trump. ¿Solían salir con él? Porque fingen que lo odian, pero creo que lo aman”, dijo Wolf. “Creo que lo que nadie en esta sala quiere admitir es que Trump los ha ayudado a todos. No podía vender bifes, ni vodka, ni agua, ni universidad, ni corbatas, ni a Eric [Trump], pero los ha ayudado a ustedes. Los ha ayudado a vender sus diarios, sus libros y su televisión. Ustedes ayudaron a crear este monstruo, y ahora se están beneficiando de él”, atizó la comediante.


















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