La huella en Argentina de los «robaecógrafos», la banda que asalta clínicas en toda Latinoamérica – 14/09/2019


Todo marchaba tranquilo en la mañana del sábado 2 de diciembre de 2017 en Concordia, Entre Ríos. Por la tarde, en el corsódromo de la ciudad se disputarían varias carreras de rollers. Algunos vecinos participarían de los 4, 10 y 16 kilómetros. El plan para la noche era en el Centro de Convenciones. Allí, a las 22, se iba a presentar el carnaval oficial «Concordia 2018». Los amantes del rock nacional también tenían una opción: podrían disfrutar de «Humo», la banda uruguaya que hace tributo a Los Piojos. La cita era en «Club Lennon».

Cinco colombianos (tres hombres y dos mujeres) no tenían ni la menor idea de las actividades del día en la ciudad, de casi 150 mil habitantes según el censo de 2010. Llegaron en un automóvil Polo, registrado a nombre de una argentina, a eso de las 8 de la mañana. Y fueron a lo único que les importaba de la ciudad.

La primera parada fue en el consultorio número 9 de la clínica «Centro de ojos Esteves-Esteves». En cuestión de minutos robaron un paquímetro (un equipo que permite medir el grosor de la córnea) y salieron como si nada. Ninguno de los empleados del centro de salud notó el robo.

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De allí se fueron directamente al segundo destino, el Sanatorio Garat. Ingresaron y se dirigieron al consultorio de diagnóstico por imagen. Se fueron con cinco transductores, como se conoce a la herramienta utilizada para apoyar sobre el cuerpo de un paciente al momento de hacer una ecografía: dos planos, un convex, un endoncavitario y un volumétrico. El valor de los objetos robados en los dos lugares médicos superaba los cien mil dólares. Pero había más.

Esos mismos cinco colombianos, en ese mismo Polo, esa mismo mañana, se presentaron en el consultorio número 2 del Centro Ambulatorio Concordia, propiedad de OSECAC. El botín, siempre a partir de hurtos sin violencia y sin que nadie notara el delito, fue de cuatro transductores de un ecógrafo. Fue el tercer robo de la mañana. Tan aceitado tenían la modalidad que se irían sin que nadie sospechara nada. Ninguna de las víctimas (que descubrirían los delitos a partir del día siguiente) se imaginaría que se trataba de una banda que había hecho lo mismo en clínicas privadas de Brasil, Perú, Chile y Ecuador.

Los asaltantes dejaron Concordia y salieron hacia Colón, otra ciudad de Entre Ríos, de 23 mil habitantes. El objetivo estaba dentro del Sanatorio Médico Quirúrgico de la zona. Del lado de adentro, hicieron la modalidad: dos entretuvieron a empleados en la recepción y otros dos caminaron hasta el sector de Ecografía. En una mochila introdujeron un ecógrafo portátil y partes de otro equipo similar. Se retiraron a las 12.39 del mediodía.

Integrantes de la misma banda fueron detectados en Perú, donde cometieron varios robos. (CUARTO PODER)

Integrantes de la misma banda fueron detectados en Perú, donde cometieron varios robos. (CUARTO PODER)

No habían dejado un solo rastro. Pero habían actuado a cara descubierta. Entonces, no quedaba otra que solicitar los registros de las cámaras de seguridad. De las clínicas y de la ciudad. Allí, los investigadores de las dos ciudades notaron que se trataba de la misma banda: una mujer que se acercaba a la recepción y distraía a los empleados, otra que merodeaba avisando si había hombres de seguridad y dos hombres que se hacían pasar por pacientes y luego encaraban hacia los pasillos y salas para robar lo que buscaban. El quinto integrante era el piloto. Los esperaba arriba del Polo.

En el regreso a Buenos Aires, la banda tomó la Ruta 14. Y al igual que muchos automovilistas fueron detenidos por la Policía de Entre Ríos, una de las más cuestionadas del país a la hora de los controles de tránsito. Como los hurtos no habían sido denunciados, la demora solo fue por una supuesta infracción. Un agente les hizo señas para que frenaran y les advirtió que circulaban sin luces. Se les labró un acta por el no uso de las reglamentarias.

Una de las mujeres de la banda bajó del auto y le mostró la documentación a los policías. La titular del coche no se encontraba en el lugar, por lo que el auto debería haber quedado secuestrado. Pero solo les exigieron el pago de la multa, la abonaron en efectivo y con descuento, y siguieron. La Policía no les había requisado el Polo, donde guardaban todo lo robado. Por eso, tal vez, decidieron ir por más.

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De ahí otra vez por la 14. Se desviaron a la altura de Gualeguaychú. Era el turno de la que sería la quinta parada del raid delictivo: habrían ingresado al hospital público Centenario para llevarse un ecógrafo. El condicional se debe a que no hay filmaciones del caso. Pero se les adjudica el robo. Al día siguiente los profesionales notarían el faltante.

En Bogotá, capital de Colombia, a los ladrones que viajan a robar por el mundo se los denomina «Internacionales». Esa cultura delincuencial nació a fines de la década del ’50, cuando un asaltante de de un barrio bajo del centro de la ciudad sacó un pasaje a Nueva York, buscando escapar de la Policía colombiana. Era un ladrón de relojes, pero la Justicia había pedido su detención por un asesinato.

La cuestión es que en aquellos días, mientras caminaba por la zona de joyerías de la Quinta Avenida, vio un maletín que llamó su atención y lo robó aprovechando un descuido del dueño. Cuando, ya en el hotel, descubrió los dólares que había adentro, saltó de la emoción. Acababa de cometer el mejor robo de su vida. Y no lo dudó: se comunicó con sus cómplices y les dijo que «la plata estaba en Nueva York». Los invitó a viajar y les prometió prestarle el dinero para los pasajes. Así nació la leyenda, que nunca murió.

Hoy, las principales bandas de «Internacionales» roban en destinos como Malasia, Japón, Australia, México, Brasil, Estados Unidos o Inglaterra. Pero también hay grupos en países de segundo o tercer mundo. En especial, los que hacen sus primeros pasos como ladrones fuera de Colombia.

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Muchas organizaciones eligen un continente y se mueven por varios países, antes de regresar a Colombia. La banda del ecógrafo, por ejemplo, había cometido robos en clínicas de distintas ciudades de Chile, Perú, Ecuador y Brasil. Los investigadores de los asaltos en Entre Ríos los individualizaron en las filmaciones difundidas por noticieros del extranjero. Y empezaron a investigarlos.

El primer y único dato concreto con el que contaban era la patente del Polo. Así llegaron a la titular del auto. La detuvieron tras un allanamiento en Lomas de Zamora. La mujer, de unos 25 años, contó que había sido pareja de un colombiano, y que la banda le había ofrecido una suma fija de dinero en pesos a cambio de comprar el auto y ponerlo a su nombre. La trasladaron a Colón y Gualeguaychú. Fue implicada como «partícipe necesario», pero rápidamente recuperó su libertad. Fue en enero de 2018.

Cuando en los diarios de las tres ciudades se informó que se trataba de una banda internacional, los comentarios explotaron. Se decía que se trataba de una banda que robaba para los narcotraficantes y que enviaba los ecógrafos a Colombia. Otros vecinos aseguraban que los colombianos los vendían en el mercado negro de Paraguay y Uruguay. La investigación recién comenzaba.

A partir de la declaración de la mujer argentina empezaron a identificar a la banda. Los buscaron en hoteles de Flores, Once, Boedo y Constitución. Nunca los encontraron. O mejor dicho: los ubicaron, pero no pudieron detenerlos. Se mudaban semana a semana.

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«A uno de ellos lo descubrimos en una filmación de una clínica de Ecuador. Era un hombre que usaba la identificación de otro colombiano, que estaba fallecido», cuenta Juan Sebastián Blanc, agente Fiscal de la ciudad de Colón. Y agrega: «Los teníamos identificados, pero lo más difícil era encontrarlos. Allanábamos y no los encontrábamos. Como que siempre estaban un paso adelante nuestro. También descubrimos que se trataba de una organización más grande: en los videos de los hurtos en otros países también aparecen más personas. Pero varias son las mismas que actuaron en Entre Ríos».

Al fiscal, con el tiempo, lo contactarían desde una fiscalía de Jujuy. Estaban investigando un robo con la misma modalidad. En los últimos años se denunciaron robos de ecógrafos en clínicas de La Plata, Rosario, Tres de Febrero, entre otros lugares. Los sospechosos son siempre los mismos.

La primera detención fue en el aeropuerto de Ezeiza. Allí la PSA detuvo a una de las dos mujeres. No lo sabía, como el resto de sus cómplices: se encontraban con pedido de captura internacional. Por eso la mujer no pudo viajar a Bogotá, su ciudad de origen. Directamente la trasladaron a Entre Ríos. Como se la acusaba de hurtos simples, y no contaba con antecedentes penales ni en Argentina ni en Colombia, fue liberada a los quince días. Fijó un domicilio en la zona de Constitución y cumplió a raja tabla el pedido de presentarse en la comisaría más cercana todas las semanas. En su pasaporte figuraban varios viajes de Colombia a nuestro país.

«Es una banda altamente calificada. En internet descubrimos que en Brasilia habían sido condenados por el mismo delito», explica Juan Pablo De Giambattista, fiscal de la Unidad fiscal Concordia, que los acusó de «asociación Ilícita». «Cada uno tiene su rol bien marcado. Existe un vínculo familiar entre ellos. A la única detenida se le solicitó la prisión preventiva, pero no se le otorgó».

A casi dos años de la mañana del raid delictivo, no se sabe más nada de los cinco integrantes de la banda. La única detenida dejó de ir a firmar. Los investigadores sospechan que habrían salido del país por fronteras ilegales. Y que hoy estarían en Europa. Seguramente, haciendo lo mismo.



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