Hablar en público: cuatro pasos para hacer un PowerPoint que no aburra a todo el mundo












Conocer la audiencia y contar historias son claves para una presentación emocionalmente inteligente



Si le pregunta a alguien qué piensa de las presentaciones con PowerPoint, probablemente logre una reacción fuerte. Por más que le encanten, las odie o quiera desterrarlas de su mundo para siempre, la verdad es que las presentaciones con diapositivas son (y seguirán siendo) parte de la vida profesional en el futuro previsible para la mayoría de los ejecutivos. Pero a no desesperar. PowerPoint es solo una herramienta. Que una presentación sea mala o buena depende de la persona que cree las diapositivas. Las malas presentaciones son un problema del usuario, no del software.





Crear una presentación que tenga éxito y logre resonancia con su público requiere una dosis de inteligencia emocional mucho antes de comenzar a armar las diapositivas. Estos son unos cuantos pasos fáciles, de baja tecnología, para alcanzar el objetivo.


1 – Entender al público



Antes de abrir siquiera PowerPoint hay que tratar de ponerse en el lugar del público y pensar en lo que le importa. La empatía es una parte clave de la inteligencia emocional sin la cual se puede terminar dando un mensaje que no beneficia en nada a quienes lo escuchan y que incluso puede ser molesto. Por lo que el punto de partida debe ser tomarse un momento para anticipar y entender al público específico. Preguntarse cuáles pueden ser sus temores y aspiraciones, sus pensamientos y opiniones. ¿Qué es lo que saben y lo que no? ¿Qué les duele? ¿Qué los hace felices?






2 – Escribir un guión

El siguiente paso es usar el perfil del público para construir una narrativa atrapante. Si el primer paso se basó en el uso de la inteligencia emocional para comprender las necesidades del público, este segundo paso refiere al uso de la inteligencia emocional para influir en el público. Se deben escribir mensajes que respondan a cada preocupación e interrogante que pueda tener el público y que respondan a sus objetivos. Esos mensajes deben basarse en una mezcla de emociones y datos, pero sin perder de vista que los humanos somos más proclives a tomar decisiones sobre la base de emociones que de la lógica. Para hacerlo en una forma efectiva, una opción es narrar historias. La clave es encontrar anécdotas sobre las cosas que le importan al público -cuanto más personales mejor- en la presentación.




3 – Elegir las diapositivas



Ahora es el momento de abrir el software de presentación de diapositivas. Se puede empezar a diseñar una o más diapositivas por cada mensaje en su guion, pensando en qué imágenes tendrán resonancia con este público. Qué colores y palabras pueden provocarlo e inspirarlo. También importa aquí la autoconciencia, otro aspecto de la inteligencia emocional.

Para avanzar en este punto es necesario conocer cuál es el estilo de presentación ideal para cada persona: dialogado, basado en su autoridad, juguetón o provocador. Por más que suene como un cliché, es importante ser auténtico al hacer una presentación. No importa lo bien que se conozcan las necesidades de un público, se desconectarán si sienten que pretende ser quien no es.




4 – Pedir opiniones

Una vez que se tiene el prototipo armado, hay que ponerse el traje de la inteligencia emocional una vez más. Volver al comienzo y hacerse las siguientes preguntas: ¿el público responderá a las preguntas? ¿El presentador se sentirá auténtico al subir al escenario? Una alternativa es reunir a algunos colegas, explicarles a quién va dirigida la presentación y pedirles su opinión. Volver a mirar la presentación e ir modificándola sobre la base de las respuestas obtenidas.

Es cierto que este abordaje exigirá algo más de tiempo. Pero se alcanzarán mejores resultados al hacer la presentación y al final se estará cerca del esperado gran aplauso por parte del auditorio.














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