Gabin: El teatro carga con una misión casi catártica


Periodista: ¿Cuál es el nudo de la obra?

María José Gabin: Trata sobre un matrimonio, ella en el hospital a punto de ser operada y él que le viene con la idea de viajar a Nueva York para hacerse atropellar por un auto y conseguir una indemniazación. Ella está por operarse de vesícula, y él con esa idea porque han sobrevivido a las diferentes crisis en Argentina e intentan, una vez más, superar juntos ésta. Ese es el desencuentro inicial que deberán sortear juntos, o no.

P.: ¿Transcurre en una crisis particular de las tantas que hemos vivido y de hecho vivimos?

M.J.G.: Si bien el autor la escribió en la crisis de 2001 en el guión no está especificado que se trate de un momento especial pero hay referencia permanente a que estamos al borde del abismo. Y de hecho atravesamos en la actualidad un momento difícil, en el que el teatro carga con esa misión catárquica. Utilizamos como trampolín al arte para pasar los dramas cotidianos por otro lugar diferente. El público se puede sentir identificado con estos personajes que intentan afrontar su realidad, aunque con sentido irónico y desopilante. Hay una catarsis cómica, una vez más parece que estamos al borde del abismo, a punto de tirarnos abajo del auto, nos preguntamos cómo salimos de esta otra vez, y aparece esto de que la búsqueda sea juntos.

P.: Fue escrita en 2001, sin embargo viene de tener éxito en España y Portugal, ¿a qué lo atribuye?

M.J.G.: La local claramente es una versión muy argentinizada, el trabajo del director y el nuestro es muy local y hay situaciones de nuestro imaginario, puede ser perfectamente universal y llega a identificar públicos de otros países porque allí y en el mundo se viven toda clase de crisis. Además del texto siempre hay adaptaciones que la hacen única en tanto puesta, con determinadas personas y en determinado contexto. Aquí vivimos con la creatividad al límite para superar las crisis, como argentinos podemos dar cátedra de eso, y todo en tono de comedia negra, entre grotesco, melodramático y realista exacerbado. La gran pregunta es cuánto estamos dispuestos a entregar y poner en juego de nuestra propia vida para seguir adelante.

P.: También aparece eso tan argentino de irse a vivir a otro país para vivir mejor.

M.J.G.: Sí, como si fuera la panacea, como si allí fuera todo mejor, eso también es un rasgo bastante nuestro. Hay una fantasía que tiene que ver con ir a EE.UU., con el césped americano, la casa americana, todos hemos escuchado ese objetivo de vida como algo salvador, finalmente nunca es tal o no desde la visión que todos tenemos.

P.: ¿Cómo es el trabajo con Pires y Prol?

M.J.G.: Con Prol habíamos hecho capítulos en TV de “Dulce amor”, nunca habíamos hecho teatro y quedé gratamente sorprendida, es un actor con mucha ductilidad, más allá de lo que se conoce de él de televisión. Hablábamos con él y Pires que en este momento de tanta soledad, este es un refugio hermoso. Nos divertimos, disfrutamos del encuentro, el contexto de estos lugares te rescatan de la realidad que es muy dura para mucha gente.

P.: ¿Cómo ve la oferta de humor, en la que se destacó en los 80 con Gambas al ajillo? ¿Siente que hay falta de capocómicos?

M.J.G.: En este momento de revolución feminista sería inviable hablar de capocómicos, por suerte. Creo que el humor está en Capusotto, en Maruja Bustamante y mucha gente del teatro independiente y del interior que hace humor ácido e interesante, un nuevo humor. Cada época tiene lo suyo, el de las Gambas fue un momento y sería deprimente seguir haciendo lo mismo o algo parecido. Como país tenemos una potencia indudable a nivel cultura, muy valorada en todas partes del mundo pero a veces a nosotros nos cuesta reconocernos como país potente. Estamos todo el tiempo con el discurso de lo que nos falta, pero debemos reconocer que tenemos mucho en cultura, educación, escritores, artistas plásticos, en letras, etc.

P.: ¿Cómo vive el trabajo en el teatro comercial, a diferencia del oficial y del off?

M.J.G.: El independiente me gusta más porque siento mucha afinidad por mi historia, además voy mucho. Creo que hay buen teatro y mal teatro más allá de los circuitos.



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