Fertilización. En el fósforo, un escalón abajo


















La reposición de nutrientes es esencial para mantener la competitividad del cultivo Fuente: LA NACION – Crédito: Diego Lima




El fósforo, cuando escasea, sigue siendo el principal elemento que limita los rendimientos de la soja, relacionado básicamente con todas las funciones de crecimiento. No solo promueve el desarrollo radicular, también eleva la tasa de crecimiento inicial, favorece la producción de biomasa y mejora la eficiencia de la radiación. Sin embargo, la zona núcleo del país sigue experimentando un historial de balance negativo de este nutriente tan esencial.


















































«En fósforo seguimos estando un escalón abajo», dice Gustavo Ferraris, del INTA Pergamino. Aunque el especialista reconoce que el nivel de fertilización ha aumentado durante la última década, la brecha aún está lejos de zanjarse. Esto se debe en parte también al crecimiento de los rindes de soja, que fueron aún mucho más elevados que la nutrición de los suelos.





«En los últimos años hemos tenido rendimientos del orden de los 5000 kilogramos por hectárea, cuando diez años atrás lograr 4000 kilos era un rendimiento extraordinario», agrega.
































En ese sentido, las variedades de más alto rendimiento son las que mejor responden a un buen manejo de fertilización. «En general son sojas de grupos cortos que poseen una menor estructura de planta, tienen una mejor eficiencia en el uso de los nutrientes, y pueden expresar un mayor potencial», clarifica el investigador, quien considera que la fertilización fosfatada en soja puede incrementar los rendimientos entre un 10% hasta un 20%.


























Esta tendencia creciente en los rendimientos es lo que determina también mayores niveles de extracción: se estima que un 88% del fósforo absorbido por la planta se va con el grano en la cosecha. «Una soja de alto rendimiento se lleva 20 kilos de fósforo por hectárea, y en el mejor de los casos se reponen entre 12 y 15 kilos», explica. Pero en términos globales la cifra es aún más deficitaria: en la actualidad se considera que se repone alrededor del 50% del nutriente extraído con las cosechas.























«El análisis de suelo, que es la herramienta básica para la toma de decisiones, está incorporado dentro de los productores. Pero creo que nunca se llega a una reposición total del nivel de nutrientes por una cuestión económica. Se trata de un insumo importado donde el productor muchas veces termina ajustando dosis», señala Ferraris y afirma que la relación insumo-producto es mucho más desfavorable para un productor argentino que para su par brasileño o estadounidense.














Por otro lado, los esquemas de producción de corto plazo que imperan en nuestro país tampoco ayudan a equilibrar este déficit nutricional. «Lógicamente no sigue la misma estrategia de fertilización el dueño de un campo que un productor que arrienda a un tercero», opina el investigador del INTA.





Según las cifras que maneja la asociación Fertilizar, el 45% de la superficie agrícola argentina está fertilizada. Sin embargo, para Ferraris ese número se eleva si solo se toma en cuenta la zona núcleo. «Ese porcentaje está muy influenciado por áreas que todavía tienen altos contenidos de fósforo, como la región del NOA y el NEA que son suelos más nuevos en la agricultura. Pero en la zona productiva central, yo diría que se fertiliza el 90% de la superficie porque allí la deficiencia de este nutriente es muy importante», comenta.














La creciente necesidad de fósforo en el suelo ha estado acompañada también por una mayor oferta por parte del mercado de fertilizantes. En la actualidad existe una gran diversidad de formatos para el suministro de este elemento. «Hoy es muy común que se utilicen microgranulados que se aplican con bajas dosis mejorando el aprovechamiento de la fuente. También hay líquidos o mezclas complejas que contienen otros nutrientes, como azufre, magnesio, zinc o boro», asegura.





Otra herramienta en franco crecimiento es el uso de tratamientos de tipo fisiológico, que en general se los engloba bajo el paraguas de bioestimulantes. «Es un término bastante amplio que abarca todo tipo de sustancias y que muchas veces tiene micro y macronutrientes en su composición. Aunque aún tienen un nivel de adopción bajo, que supongo que debe oscilar entre el 10% y 15% del mercado de soja, vienen ganando mucho terreno», reconoce el investigador del INTA.














Sin embargo, las mayores expectativas para Ferraris están puestas en el manejo de la fertilización por ambientes. «Creo que el manejo sitioespecífico es la principal vía de mejora que tenemos para adelante. La agricultura argentina tiene una tradición de fertilización a dosis fija. Pero no tiene sentido seguir insistiendo con la misma dosis en un bajo anegable, que la mitad de los años se inunda y no se cosecha nada, y en un ambiente de alto potencial donde hay continuamente una alta extracción de fósforo. Una focalización en los mejores sectores.








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