En qué se basa el pedido para que la Corte revise la absolución de Carrascosa – 12/04/2019


El laberinto judicial arrancó en 2007 cuando un tribunal condenó a Carlos Carrascosa a cinco años y medio de prisión por el «encubrimiento agravado» del crimen de su esposa, María Marta García Belsunce (50), ocurrido en el country Carmel de Pilar, en 2002. Desde entonces, la causa hizo todos los recorridos posibles. El viudo, que llegó a ser condenado por homicidio, hoy está absuelto y en libertad. Ahora, una nueva apelación llevó otra vez el caso a la Corte Suprema, que tendrá la palabra final.

Mientras tanto, y de forma paralela, avanza la causa que tiene como acusados al ex vecino Nicolás Pachelo y dos vigiladores del country en el que vivía la víctima. Este viernes fue sorteado el tribunal.

María Marta García Belsunce fue asesinada en 2002.

María Marta García Belsunce fue asesinada en 2002.

El primer vuelco sorpresivo del caso ocurrió el 18 de junio de 2009 cuando la Sala I de la Cámara de Casación penal anuló la condena impuesta a cinco años y medio de cárcel por «encubrimiento agravado» que el Tribunal Oral Criminal 6 de San Isidro le había impuesto a Carrascosa y lo condenó a prisión perpetua por el «homicidio calificado» de su esposa.

En ese fallo, los camaristas Carlos Natiello, Horacio Piombo y Benjamín Sal Llargués ratificaron la acusación del fiscal Diego Molina Pico contra Carrascosa.

Una de las pruebas utilizadas por el fiscal fue la grabación de la llamada en la que Carrascosa pidió una ambulancia. Según la acusación, desde el primer momento el viudo intentó instalar la versión de un accidente doméstico. Además, en el llamado se escuchan voces de otras dos personas. Una de ellas, según las pericias, fue Guillermo Bártoli, el cuñado de María Marta condenado por encubrimiento y fallecido en 2014. Fue en la casa de este último donde la víctima y su esposo habían estado viendo un Boca – River. 

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«Comparto con la acusadora que con la llamada telefónica de las 19:07:58 hs. en la que se solicitara la ambulancia a OSDE, las contradicciones en los dichos de Carlos Carrascosa y de Guillermo Bártoli; y la declaración de Beatriz Michelini (masajista), se puede saber a ciencia cierta que, quienes se encontraban a la hora del hecho y en ese lugar, fueron el imputado Carrascosa y al menos otras dos personas, no siendo una de ellas la nombrada Michelini», consideró el juez Natiello en su voto.

«Evidentemente la escena no era propia de un accidente hogareño producto del golpe de la cabeza de María Marta con ‘un grifo de la bañera’, pues había manchas de sangre en varios lugares distintos – especialmente entre el inodoro y el bidet-, (…) al igual que del hecho de que la víctima perdía sangre en gran cantidad y las heridas que presentaba no eran compatibles con un golpe de esas características, ello atento lo mencionara el médico autopsiante quien refiriera que ‘ninguno de los elementos que se hallaban a su alrededor tenía la entidad para ocasionar semejante daño'», señaló el camarista.

Los jueces sostuvieron que «al tener que rendir cuentas de su accionar, el imputado inventó una historia cuya credibilidad ha sido derrumbada«. Luego, dijeron que la actitud de Carrascosa fue «por demás errática».

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«Esa actividad tendiente a ocultar lo que realmente ocurrió, aparece diáfanamente exteriorizada no sólo cuando se fraguara el certificado de defunción -tan burdamente motivado en lo que hace a la causal del óbito-, o cuando a pocos minutos de haberse ‘descubierto’ el cadáver de un familiar tan dilecto, uno de los principales involucrados –sin duda alguna el Sr. Carrascosa- comenzara por negar un hecho evidente, instalando la idea de un accidente doméstico, y a urdir maniobras escalofriantes para ‘encubrir’ el supuesto accionar de un ‘ignoto delincuente’ en la autoría de un hecho tan aberrante», manifestaron los jueces.

Para la Cámara, esas maniobras fueron las de «ubicar el cuerpo de la víctima en la bañera de la planta alta; sumergir la cabeza en la misma para diluir la sangre que manaba de las heridas; borrar los rastros de la sangre derramada en otros ámbitos; desechar ropas y otros elementos ensangrentados; realizar gestiones para bloquear la presencia de la autoridad policial; acomodar el cadáver disimulando las heridas; impedir el acercamiento al cuerpo de la víctima y al escenario de los hechos a ciertos allegados; evitar que los empleados de la empresa funeraria manipulen y acicalen el cadáver».

Y fueron contundentes al hablar del famoso «pituto»: «Capítulo aparte merece el tema de arrojar al inodoro envuelto en papel higiénico, el plomo hallado debajo del cuerpo de la infortunada víctima –también burdamente denominado ‘pituto’-, intentando asimilarlo a un ‘seguro o sostén de estante de biblioteca o placard’. La excusa me parece no sólo burda sino infantil«.

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Ante la decisión de condenar a perpetua a Carrascosa, su defensa interpuso recursos extraordinarios de nulidad, que primero la Suprema Corte bonaerense rechazó. Pero luego la Corte Suprema de la Nación cuestionó la decisión del máximo tribunal provincial y ordenó la revisión de la condena.

Así fue como el 20 de diciembre de 2016, la Sala I de la Cámara de Casación penal, esta vez integrada por los jueces Víctor Horacio Violini, Martín Manuel Ordoqui -actualmente suspendido- y Daniel Carral, absolvió a Carrascosa por los delitos de encubrimiento y homicidio.

«Resulta indudable que la tesis referida al accidente fue sugerida en primer término por el encartado, pero ello, por sí solo, no basta para afirmar que se cometió delito. Y en este tópico, ante todo, debe tenerse presente que no se tuvo por probado que se acondicionara el cuerpo, ni que se cerraran las heridas con pegamento, ni que el encartado hubiera ordenado limpiar el lugar, ni que se hubiera intentado cremar el cadáver», se pronunció el juez Violini.

«Luego, y contra lo sostenido por el voto mayoritario, no existe prueba que acredite que Carrascosa haya decidido deshacerse del proyectil encontrado en la vivienda, sino que por el contrario, permitió el acceso a su propia vivienda luego de que los coimputados hicieran saber al fiscal de su existencia, colaborando en definitiva con la incautación del elemento de prueba que quizás, fue el de mayor peso incriminatorio. También contra lo sostenido en el voto mayoritario, ha quedado probado que el mismo día del hecho autoridades policiales y judiciales tomaron conocimiento de que María Marta García Belsunce había fallecido de modo traumático, y que el mecanismo de producción de la muerte generaba dudas, y esa noticia se obtuvo gracias al llamado que hizo uno de los coimputados», continuó.

En octubre del año pasado, tras nuevas apelaciones, la Suprema Corte de Justicia bonaerense confirmó la absolución. Aunque el largo camino judicial parecía haber llegado a su fin, el subprocurador general Juan Ángel de Oliveira apeló esa decisión días después, a través de un recurso extraordinario en el que consideró que el fallo fue «arbitrario» y que el caso debía volver a ser analizado por la el máximo tribunal del país.

Ese recurso extraordinario para llegar a la Corte nacional fue rechazado el mes pasado por la Corte provincial, razón por la que ahora la Procuración decidió ir directamente «en queja» ante el máximo tribunal del país.



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