El mito de Torben Ulrich, un ícono del tenis contracultural


Nació en Frederiksberg, Dinamarca, en 1928. Con casi 92 años, tiene una activa cuenta de Instagram en la que publica muchas de sus obras. Exjugador de tenis, saxofonista, crítico de jazz, cineasta, escritor, pintor y un fiel seguidor de la filosofía budista, el “Gandalf del metal”, como lo apodan por su larga barba blanca, no dejó inquietud por investigar.

“Torben es una mente brillante. Es un tipo de los años 50, una especie de beatnik, pero nórdico. Jugaba muy bien al tenis, especialmente en canchas rápidas”, resume Modesto Vázquez en diálogo con Ámbito. El excapitán de Copa Davis convivió muchas veces con el danés en los primeros años del profesionalismo.

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Dansk Kulturarv/TV Danesa

En el su libro “El ombligo del pulpo”, Vázquez cuenta que conoció a Ulrich a comienzos de la década del 70 en Brasil, cuando ambos disputaban una exhibición en Joao Pessoa, la ciudad más oriental del América. Los encuentros se disputaban con reglas diferentes y ganaba aquel jugador que llegaba a 9 games. “Tito” obtuvo el triunfo, pero el europeo se opuso. “Para que el partido termine tenemos que estar los dos de acuerdo, y yo quiero seguir jugando”, le dijo aquél día el excéntrico tenista al hoy entrenador.

Después del pacto y de muchas horas de una pelota que no dejó de ir y venir, el partido concluyó. Para entonces el escandinavo había pasado los 45 años, pero su físico, moldeado por el yoga, no lo abandonaba. “Podía salir a correr a la una de la mañana. No tenía límites, no paraba de correr. Jugaba contra la pared durante horas, llevaba un termo de café y ahí estaba. Era muy especial”, narra Vázquez. Su teoría de practicar contra el frontón, tan típico del tenis, era particular, porque “la pared te devuelve siempre todo”, decía el danés.

“A pesar de que Torben Ullrich nunca fue un gran ganador, verlo jugar con su delicado estilo de tenis es como ir a ver ballet”, describía la revista estadounidense Tennis Magazine en 1971. Su forma estaba influenciada por larguísimas horas de peloteo contra una pared (incluso hay imágenes de él en plena práctica contra un colectivo), el yoga y una determinación de hierro. Así, compitió entre 1948 y 1977, temporada en la que representó a Dinamarca en la Copa Davis por última vez a los casi 49 años y tras 102 partidos.

“Tenía bastante cualidades, virtudes e inquietudes, una filosofía bastante completa y compleja. Siempre te miraba a los ojos. Su manera de hablar era exageradamente pausada, pero profunda y calma”, detalla “Tito” sobre el hombre que por aquellos años usaba pelo largo con trenzas, como sus ancestros, y al que obtener una victoria no lo movilizaba tanto como alcanzar su propia mejor versión.

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Torben Ulrich, personaje mítico de los primeros años del tenis profesional y muy relacionado con el arte y la música.

Torben Ulrich, personaje mítico de los primeros años del tenis profesional y muy relacionado con el arte y la música.

Tennis Magazine

“Una vez jugó contra Pancho Gonzáles, que era muy bueno y tenía un gran saque. Los periodistas le preguntaron si el servicio lo había incomodado, entonces Torben, respondiendo exageradamente despacio en contrapartida a la urgencia de los medios, les dijo que un golpe tan hermoso no podía molestar”, expresa el nacido en Galicia. “Tenía esa forma de ser que en el circuito todo el mundo hablaba de él, como si fuera un pájaro exótico, un tipo raro”, apuntala.

Para los amantes de la música, y del rock pesado en particular, el apellido Ulrich no pasará desapercibido. Torben es el padre de Lars, baterista y cofundador de Metallica, una de las bandas de heavy metal más grandes del mundo. El menor de la familia también fue tenista en su juventud, aunque decantó por la música.

La historia de los Ulrich está relacionada con Guillermo Vilas a través de una anécdota muy curiosa, más allá del rock. “Yo lo conocí a Lars porque Torben viajaba con él, y cuando el padre jugaba, teníamos que cuidar al hijo porque tenía 4 o 5 años y se quería meter en la cancha. Siempre decía que quería ser músico”, recordó “El Poeta” en una entrevista radial.

Happy Father’s Day Love you Dad.#wanna#heavymetalgandalf by @rosshalfin

Cerca de cumplir 92 años, el Vikingo del tenis todavía despunta el vicio del arte, ya sea a través de la pintura o de la música experimental -además realizó películas y publicó libros-. También ahonda en una profunda concepción filosófica que va desde el budismo hasta las implicancias del envejecimiento sin perder las energías o, incluso, recomenzar cualquier actividad desde cero. Su mayor inquietud existencial es una pregunta que alguna vez descolocó al propio “Tito” Vázquez: ¿qué es ganar?

“Cuando uno está ganando algo, está perdiendo otra cosa. Darle todo el tiempo a algo significa dejar de lado otras cosas, y esas otras también son importantes. Con mi parte bohemia dejé de ser un mejor jugador de tenis profesional. La metáfora de qué es ganar también esconde conocerse a uno mismo, ir pasando etapas sin quedarse con las ganas”, explica el excompañero de dobles de Vilas.

Ulrich es un personaje místico. Encontrar un parecido en el circuito actual luce una empresa imposible. “Sería raro, tendría un ranking bastante bajo y ni te enterás que existe. Antes no estaba el ranking, ibas a ver a dos tipos que jugaban”, argumenta Vázquez, y agrega: “El tenis ahora es un mundo, los jugadores perdieron la relación con sus pares. Con lo que gana hoy cada jugador puede abrir otras fronteras y todo pasa por una inquietud personal. No creo que Torben haya cambiado hoy, la vida de él es rica en otro sentido”.

La imposición mediática y los dogmas de los negocios marcan el ritmo en el tenis moderno. Un personaje como Torben Ulrich, que entrenaba en el frontón, hacía yoga y veía al mundo desde otra realidad, en cámara lenta, emerge como un mito, digno de años lejanos. Tal vez, entre tanta vorágine, sea momento de detener el tiempo y reflexionar. ¿Qué es ganar? ¿Importa realmente?



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