Economía del conocimiento, con una ley del Primer Mundo










El sector tecnológico, que genera valor agregado y es susceptible de exportaciones, rompiendo las barreras de las distancias, le permitió a la Argentina encontrar un lugar de privilegio a partir de la capacidad de sus recursos humanos.

































Desde hace 15 años, el arco político ha tomado a la tecnología como una cuestión de Estado y fomenta la actividad a través de incentivos fiscales.

Con la sanción de la ley de promoción de la economía del conocimiento, que regirá desde el año que viene y cuya vigencia se extenderá hasta 2029, se amplían los beneficios y el alcance de la ley de promoción del software. Se incentiva a las actividades a aplicar el conocimiento y la digitalización de la información con los avances de la ciencia y las tecnologías cuando su objeto sea la creación, el desarrollo y la implementación o adaptación de productos y servicios para ser incorporados a procesadores y dispositivos en rubros como servicios informáticos y digitales, servicios audiovisuales, nanotecnología, nanociencia, industria aeroespacial y satelital, ingeniería para la industria nuclear, inteligencia artificial, robótica e IoT, manufactura aditiva, realidad aumentada y virtual y servicios profesionales (de exportación).

























Las sociedades que quieran inscribirse deberán cumplir con una serie de requisitos: certificación de calidad, investigación y/o capacitación y exportación de bienes y/o servicios, según indica la ley.

















Los incentivos son los siguientes: reducción de la tasa del impuesto a las ganancias del 25% al 15%; en materia de contribuciones patronales, una detracción de $17.500 por empleado; el otorgamiento de un bono de crédito fiscal de 1,6 o 2 veces el monto anterior por cada trabajador, y estabilidad fiscal.

La ley admite computar la totalidad de los gravámenes análogos al impuesto a las ganancias que hayan sido pagados en el exterior. Hasta ahora, las empresas se veían forzadas a modificar la forma en que desarrollaban su actividad y esto actuaba -en muchos casos- en detrimento de la industria nacional.

















Que la alícuota a pagar como impuesto a las ganancias sea del 15% y que el monto a pagar en la Argentina pueda tender a cero hace al país muy competitivo.









Una interpretación podría ser que se resigna recaudación impositiva intentando beneficiar solo a un grupo de individuos. Pero ello es un análisis parcial. Con la sanción de esta ley, la Argentina se sumó a una tendencia internacional en materia fiscal, que consiste en beneficiar a las empresas radicadas en el país, puesto que estas compañías buscan ubicarse en los lugares que les resultan menos costosos. Por eso, la ley funcionará como un elemento clave para la generación de nuevos puestos laborales. Y eso, a su vez, se traducirá en un aumento de la recaudación, a través del estímulo que recibirá el consumo.


El autor es socio de Impuestos & Legales de la firma BDO























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