Carlos Núñez, en el Coliseo: Gieco, Spasiuk y Santaolalla, invitados de lujo a una cita con la música celta


















Carlos Nunez, gaitero Crédito: DIEGO SPIVACOW / AFV

«La música celta es universal», aseveró
Carlos Núñez, uno de los mayores referentes mundiales de la
gaita, al inicio de un
multitudinario show celebrado anoche en el
Teatro Coliseo. A través de un viaje en el tiempo, el artista desplegó en más de dos horas de repertorio un recorrido por los orígenes de la música tradicional de su Galicia natal, así como de Asturias, Bretaña, Irlanda, Escocia y Gales, en comunión con sonidos de este lado del Atlántico.









































Reels, solos de violines y trikitixa (como llaman los vascos al acordeón diatónico), cántigas medievales y sonidos precolombinos y africanos fueron retales de una noche que tuvo varios invitados de lujo, entre ellos
León Gieco y
Gustavo Santaolalla, y que culminó a golpe de chamamé con la presencia del
Chango Spasiuk.




Carlos Nunez, gaitero
Carlos Nunez, gaitero Crédito: DIEGO SPIVACOW / AFV






















«Vamos a viajar hasta las músicas celtas más antiguas que se conocen en el mundo. Los arqueólogos y los lingüistas nos han demostrado que las lenguas celtas más antiguas conocidas hoy se ubican en la Península Ibérica e incluso el castellano actual conserva algunas de sus palabras, como perro o centolla», introdujo Núñez, gaitero, flautista y autor del libro
La hermandad de los celtas, un ensayo que analiza la música popular desde perspectivas históricas y antropológicas.

















«Se han encontrado verdaderos poemas, o conjuros, para entrar en un estado prácticamente mágico. Éstos ya tenían rima -a diferencia de los romanos-, aliteración y recursos muy sofisticados», prosiguió Núñez. A continuación, el guitarrista gallego Pancho Álvarez recitó uno de esos textos en lengua celta ibérica, referente al dios Lug, acompañado de una «lira atlántica» de un antiquísimo sistema musical de escasas notas recientemente encontrada en un petroglifo en el norte de Portugal, en la zona correspondiente a la antigua Gallaecia.

La encargada de conectar esta lira de más de 3000 años con las músicas celtas más antiguas conocidas, «que hablan incluso del Rey Arturo y escritas en códigos binarios», fue la solista Aída Delfino, de la Orquesta Sinfónica de Mar del Plata.




















Carlos Nunez, gaitero
Carlos Nunez, gaitero Crédito: DIEGO SPIVACOW / AFV






El concierto encaró después una aventura medieval, época a la que las músicas llegaron oralmente y en la que pasaron al registro escrito. Tal es el caso de las Cantigas de Santa María, obra magna de más de 450 cantigas que fueron transcritas por el rey Alfonso X, el Sabio y por sus trovadores. «Muchas de esas melodías eran preexistentes a las músicas celtas», aclaró el músico, que invitó a los presentes a cerrar los ojos e imaginarse en una corte, contingente por aquel entonces itinerante, lo cual lo obligaba a viajar con «instrumentos pequeños para que fueran transportables. Era un tipo de filosofía musical. Por otro lado, en los castillos, el número máximo de personas que podía presenciar las actuaciones era de 50 personas», comentó el intérprete.

Hacia el siglo XIII, «la gaita cambió y pasó de la musa medieval a la cornamusa», continuó con su explicación Núñez, artista considerado el «Hendrix» de este instrumentos y quien, entre otros méritos, logró llegar al Carnegie Hall y ser adoptado por The Chieftains para sus giras internacionales.









A través de una suerte de trance cautivante e hipnótico y de episodios de máxima excitación incitados por el gaitero, el show fue mutando, de forma particular hacia una especie de representación ritual de medio centenar de músicos de la Orquesta de Instrumentos Autóctonos de la Universidad de Tres de Febrero, que desplegó una puesta iconográfica con alusiones a seres y sonidos en simbiosis con la naturaleza.

Hacia el ecuador del concierto, un ejército de gaiteros, escoses con faldas a cuadros y descendientes de la diáspora gallega en Buenos Aires, tomó la sala en uno de los momentos más emocionantes de la noche. Ubicados en distintos puntos del teatro y repartidos entre el público, los intérpretes marcharon hacia el escenario, donde siguieron tocando.









Más tarde, Núñez mencionó que en 2020 se celebrará el 250 aniversario del nacimiento de Beethoven. «Vamos a escuchar en todo el mundo sus grandes sinfonías y los alemanes pondrán todo su empeño en que el planeta escuche al gran compositor de la música clásica, pero se han olvidado de que Beethoven escribió la mayor parte de sus opus en música celta. Compuso casi 200 melodías y canciones en estos términos para modernizar su música, ya que la música celta era moderna y ofrecía unos modos diferentes», compartió el gaitero.


Gieco y Santaolalla

Carlos Núñez tocó en Buenos Aires por primera vez hace 22 años. Entre el público figuraba entonces un exponente destacado de la cultural local: León Gieco, «que había traído con él a Mercedes Sosa», recordó el artista. «Nos invitaron a ir con ellos a una cena a casa de Mercedes, una cosa preciosa, y nos quedamos hasta las cinco de la madrugada con ellos. Y recuerdo muy bien que León me dijo: Carlitos, deberías conocer a mi buen amigo Gustavo Santaolalla. Pasaron veinte años y hoy está acá con nosotros», anunció Núñez.

Tras tocar juntos «De Ushuaia a la Quiaca», tema del argentino, se unió a ellos Gieco. Esta vez, con este último en voz, guitarra y armónica, con el primero en charango y con Núñez haciendo magia con su flauta, los tres recrearon «Príncipe Azul» y «Solo le pido a Dios».

Después de dar paso a uno de los himnos populares de Galicia con «A Rianxeira» y antes de una despedida con sabor brasileño, los sonidos celtas se hermanaron con el folclore local y subió al escenario el Chango Spasiuk. De su acordeón brotó el chamamé y Núñez tocó su gaita, ante un auditorio ya casi de pie.















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