Buscando a Rodolfo Clutterbuck: 32 años de pistas falsas, operaciones de inteligencia y huesos plantados


La anécdota data de unos 30 años atrás, pero Juan Carlos Cardinali (80) aún la recuerda. Habían pasado pocos meses del secuestro del empresario Rodolfo Clutterbuck -capturado el 16 de octubre de 1988- y las pistas que le llegaban a él, como juez de la causa, eran variadas, diversas, algunas malintencionadas y otras absurdas.

En este contexto, la idea de ir a visitar al padre Mario Pantaleo (el famoso cura sanador de González Catán) no le sonó descabellada cuando un amigo le comentó que el sacerdote quería verlo. Lo que pasó en ese encuentro lo dejó impresionado aunque ya llevaba 25 años trabajando en la Justicia. 

«En un momento me llevó aparte y me pidió que le contara cosas del caso. Mientras yo hablaba, el padre Mario sacó un péndulo de una cajita. Mi relato habrá durando unos siete minutos y el péndulo nunca se movió. Cuando terminé él lo guardó y me dijo: nunca se va a saber nada«, recuerda Cardinali.

«Yo a esa altura ya me había dado cuenta de que no iba a ser fácil. Hicimos búsquedas, no dejamos nada colgado, pero más guiadas por el corazón que por pistas certeras», agrega quien fue el primero de varios jueces que tuvo la causa.

Por el expediente se fueron sucediendo otros tres magistrados en forma directa y muchos más en forma indirecta. Recién en 2018, treinta años después del secuestro, el último de ellos (Rodolfo Canicoba Corral), condenó al ex policía federal Miguel Angel «Jopo» Ramírez, quien llevó su caso a la Corte Suprema, donde aún se encuentra apelado.

El periodista Enrique Sdrech, el 28 de octubre de 1988, habla con varios chicos que dijeron haber visto cómo se lo llevaban al empesario.

El periodista Enrique Sdrech, el 28 de octubre de 1988, habla con varios chicos que dijeron haber visto cómo se lo llevaban al empesario.

Gracias a un trabajo detectivesco de la familia Clutterbuck y sobre todo de su abogado, Joaquín Da Rocha, se pudo establecer que el vicepresidente de Alpargatas y director del Banco Francés había sido capturado por la misma banda que años después, en 1991, secuestró a Mauricio Macri, por el que se pagaron 6 millones de dólares para su liberación.

Sin embargo, del cuerpo del empresario nunca se supo nada, aunque hubo muchas búsquedas y de todo el tipo: con palas mecánicas revolviendo un baldío en Ezpeleta, con el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) en el Delta de Tigre, en tumbas NN en Paraná. Incluso se siguió una pista aportada por una mujer que, en realidad, lo único que buscaba era vengarse de la amante de su novio.

Desde videntes hasta operadores de inteligencia dejaron su marca en las más de seis mil páginas de expediente. Repasar los distintos cuerpos de la investigación marea, abruma, sobre todo por la cantidad de pistas falsas que llegaron a la casilla de correos abierta por el entorno del secuestrado para colaborar con la causa.

Caso Clutterbuck: y un expediente interminable con todo tipo de información, la mayoría poco precisa.

Caso Clutterbuck: y un expediente interminable con todo tipo de información, la mayoría poco precisa.

Pistas y más pistas

Por lo menos a nivel público, la primera pista en busca del cuerpo de Rodolfo Clutterbuck se plasmó en un cable de la agencia Télam fechado el 13 de junio de 1991. El texto daba algunos detalles de una autopsia realizada a un cuerpo encontrado a un costado del kilometro 372,200 de la Ruta 2. Los peritos viajaron hasta Coronel Vidal para analizar el cadáver, que tenía un avanzado estado de descomposición. Falsa alarma. Vendrían muchas más.

Meses después, en octubre de ese mismo año, apareció el primer testigo estrella: un preso pidió declarar ante el juez de La Plata Alberto Durán y le dijo que sabía dónde estaban los restos de «un conocido empresario por el que habían pedido medio millón de dólares de rescate».

Los trabajos comenzaron el viernes 18 de octubre, cerca de las 17, y se concentraron en un terreno baldío de 5 hectáreas en Florencio Varela donde se estaban construyendo viviendas populares. El barrio, conocido como 1° de Mayo, amaneció sorprendido con el ruido de tres palas mecánicas que, contra todo consejo forense, se usaron para remover el sector que el detenido -procesado en una causa por drogas- había marcado como la tumba de Clutterbuck.

Chicos juegan en una de las excavaciones realizadas en Florencio Varela.

Chicos juegan en una de las excavaciones realizadas en Florencio Varela.

Todo fue un fracaso y hasta hubo lugar para mentiras lisas y llanas. Se publicó que en el operativo se había encontrado «un hueso presuntamente perteneciente a uno de sus miembros superiores y una agenda”. Esto causó tanto impacto que el propio juez Cardinali tuvo que salir a desmentirlo.

Casi de sobrepique, un anónimo encontrado en un bar de Florencio Varela llevó a una excavación en un descampado lindero a la rotonda de Alpargatas. Otra pista falsa de muchas, muchísimas que se sucedieron.

Para el año 1994, momento en el que recrudecieron los testigos falsos, pistas y búsquedas, la lupa se puso en el Delta del Paraná. Hubo dos operativos en la misma zona, ambos fallidos. Los dos con un tufillo a maniobra de los servicios de inteligencia.

El 3 de febrero de 1994, dos detenidos que estaban alojados en la cárcel de Caseros (los presos testigos son un clásico en este tipo de casos) marcaron un área a media hora de navegación desde el puerto de Escobar.

El juez Cardinali da una conferencia de prensa arriba de una las lanchas usadas en la búsqueda del empresario en el Delta. Era octubre de 1994.

El juez Cardinali da una conferencia de prensa arriba de una las lanchas usadas en la búsqueda del empresario en el Delta. Era octubre de 1994.

Uno de ellos, Francisco Acosta, ya había dicho años antes que Clutterbuck había muerto de un ataque al corazón mientras estaba cautivo en una casa en la localidad bonaerense de La Reja, en Moreno.

La zona de los trabajos fue la unión del arroyo Correntino con el Río Luján, un punto que, según los lugareños, era usado de cementerio por los grupos de tareas durante la dictadura. Hubo una tarea de desmalezamiento. Se trabajó durante dos semanas, usando grupos electrógenos y rudimentarios teléfonos celulares, que para colmo de males casi no tenían señal en el Delta.

Según el diario Crónica, apenas la semana anterior a la expedición en el Delta se había realizado un operativo en una casa de Villa Piolín, entre Pompeya y Villa Soldati, que también había dado negativo.

Todo dato era seguido por protocolo y tal vez por eso el juez Cardinali volvió al Delta en abril de ese mismo año cuando todo le indicaba que la nueva pista era en realidad una operación de Inteligencia.

La información, que marcaba el mismo lugar revisado en febrero, llegó tres días antes de una jornada de elecciones y el episodio es recordado por todos los que participaron de esa búsqueda como uno de los intentos más burdos de desviar la investigación.

Una de las búsquedas del caso Clutterbuck en la zona del Delta.

Una de las búsquedas del caso Clutterbuck en la zona del Delta.

En el lugar se encontraron casi de inmediato un húmero, un fémur, dos clavículas y un cráneo mutilado. La Policía llegó a un sector del Río Paraná, con un plano que indicaba un árbol, un terreno y una casa a unos 200 metros de donde se habían hecho las excavaciones meses antes. El secretario de Seguridad provincial era Alberto Piotti y al frente de la Bonaerense estaba Pedro Klodczyck. La pista, se dijo, venía de un informante policial.

No bien llegaron, los expertos del EAAF se dieron cuenta que los huesos habían sido colocados ahí recientemente. Y mal: el fémur estaba al revés. Por eso la jefa del Equipo Argentino de Antropología Forense, Silvana Turner, aclaró que “muy rápidamente se iba a saber si eran los restos”.

Así se hizo. Se trabajó rápido y se desarmó la operación. La familia para ese entonces estaba siendo bombardeada por anónimos, versiones y testigos mentirosos. “A mí no me avisaron nada… no me llaman a cada rato para decirme que algún loco apareció para decir que encontraron algo”, declaró Myriam, la esposa de Clutterbuck.

Policías y peritos retiran material tras uno de los tantos operativos.

Policías y peritos retiran material tras uno de los tantos operativos.

 “Todo esto es muy curioso. Inclusive el viernes hubo periodistas que se comunicaron con mi despacho para decirme que habían recibido anónimos advirtiendo que por la tarde iban a encontrar los restos de Clutterbuck. No descarto la posibilidad de que se haya utilizado políticamente el esclarecimiento del caso sobre todo si tenemos en cuenta la cercanía de las elecciones”, declaró el propio juez Cardinali.

Desde el EAAF fueron más técnicos pero igualmente contundentes: “Se trató de un enterratorio secundario. Los restos no fueron depositados originalmente en el sitio, sino que hubo una segunda depositación intencional reciente a la fecha en que fueron hallados”.

Hasta una mujer despechada

Los fracasos se sucedieron, aunque fueron cada vez más esporádicos.

El 10 de marzo de 1995, se hizo una excavación en una casilla del pasaje Burgos 309, en Villa Itatí, en Quilmes. Participaron tres móviles policiales, dos médicos, un perito en rastros y un fotógrafo del SEIT Sur y un geólogo. No encontraron nada. La denunciante había sido una mujer que dijo “Clutterbuck está enterrado en la villa” para vengarse de una vecina que era la nueva pareja de su ex , hombre preso por un robo menor.

Al año siguiente, el 24 de abril de 1996, otro operativo rozó el ridículo. La Policía Bonaerense fue hasta una casa abandonada ubicada sobre la calle San Martín 254, a pocas cuadras de la Estación de Tigre. En una especie de sótano de la propiedad unos albañiles habían encontrado restos humanos mientras hacían trabajos de refacción en el edificio, que iba a ser usado como Juzgado de Paz.

El caso tuvo de todo, incluso avisos en clave codificados para que algún informante acerque datos.

El caso tuvo de todo, incluso avisos en clave codificados para que algún informante acerque datos.

«Encontramos una calavera con la dentadura intacta, un fémur y algunas vértebras de un esqueleto humano”, detalló entonces el ya famoso comisario Mario Naldi, jefe de la Unidad Regional Tigre. El policía se mostró entusiasmado, pero pronto se supo que los huesos habían sido descartados allí por el hijo de los dueños del lugar, que estudiaba Medicina.

«Nos tocó recuperar algunas piezas óseas, eran muy pocas. Era un lugar muy sombrío, no era un sótano propiamente dicho sino una sobre elevación de la casa que solo tenía como función elevar la propiedad para prevenir inundaciones», recordó Raúl Torre, por entonces jefe del Servicio Especial de Investigaciones Técnicas (SEIT) Zona Norte, de la Bonaerense, quien ya había también participado en uno de los operativos en el Delta. 

A mediados de marzo de 1997, ya con el juez Héctor Yrimia a cargo del caso, se volvió sobre el descampado de Ezpeleta que había sido uno de los primeros lugares de rastrillaje en 1991. Un hombre que dijo que no había declarado antes por miedo sostuvo que poco después del secuestro de Clutterbuck vio cómo tres hombres bajaban de un auto con palas.

Yrimia le pidió al juez de Quilmes Gustavo Falcón que hiciera los procedimientos. Se trabajó en un triángulo de 150 metros de base por 200 metros de cada lado en Avenida La Plata, entre República de Francia y Florencio Varela. El juez Falcón suspendió la búsqueda el 25 de marzo porque era imposible excavar unos 2.000 metros cuadrados sin especificaciones concretas.

caso clutterbuck secuestro comisarios macri

“A la casilla de correos han contestado muchos. Gente con las cosas más insólitas, videntes, adivinos, investigadores privados, gente que dice ‘no sigan gastando plata porque no van a encontrar nada‘“, se lamentó Guillermo Estrada, por entonces vocero y abogado de los Clutterbuck.

Yrimia no se desalentó e hizo dos procedimientos al hilo, uno en Ezeiza en un sector ubicado entre la autopista Riccheri y Puente 12, cerca del Aeropuerto de Ezeiza. Otro fue en un campo de Cañuelas ubicado en Los Pinos y Los Cipreses, de Vicente Casares, lugar que había sido señalado en un fax anónimo.

Allí se hicieron seis agujeros en un campo pero sólo se encontraron restos de animales. Luego se supo que este último procedimiento había sido armado a propósito para ver cómo reaccionaba un policía de la Bonaerense que estaban investigando como sospechoso. El agente fue detenido y finalmente sobreseído.

La Banda de los Comisarios

Tendrían que pasar 5 años para que hubiera otra pista. En octubre de 2002 se revisaron tres tumbas NN en el cementerio de Villa Paranacito que habían sido abiertas entre noviembre y diciembre de 1988 y que contenían cuerpos no identificados.

El operativo fue encabezado por el juez de Instrucción de Gualeguaychú, Eduardo García Jurado, luego de recibir un exhorto del juez federal número 6 de la Capital Federal, Rodolfo Canicoba Corral.

Según trascendió, un preso (otra vez) de la cárcel de Batán habría confesado su participación, junto con el ex sargento de la Policía Federal Carlos Alberto «Pocho» Benito, en el transporte de varios autos robados hacia el Paraguay a través de las rutas nacionales 12 y 14.

Alan Clutterbuck, hijo de Rodolfo, el empresario secuestrado y cuyo cuerpo jamás apareció.

Alan Clutterbuck, hijo de Rodolfo, el empresario secuestrado y cuyo cuerpo jamás apareció.

Según este preso, cuando estaban en camino, Benito (parte de la denominada Banda de los Comisarios) se separó del grupo principal antes de llegar a Gualeguaychú para «ir a enterrar un chancho«, término que en la jerga de los delincuentes se utiliza para denominar a las víctimas de un secuestro.

La pista tenía color: en 1991 Benito había sido mencionado por el abogado paranaense Julio Quinteros como una de las personas que se acercó a su estudio jurídico para negociar el aporte de información sobre el paradero del empresario a cambio de un pago de dos millones de dólares.

De hecho, Benito cayó preso por el secuestro de Mauricio Macri y ya estaba preso cuando se le logró probar su participación en el secuestro de Rodolfo Clutterbuck. Pero nunca habló, nunca dijo dónde estaba el cuerpo.

El ex policía murió unos años antes de que el juez Canicoba Corral cerrara el caso con un solo condenado y un cuerpo que nunca nadie pudo encontrar.

GL – EMJ



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