Arrepentido. Ricardo Centurión lloró, pidió disculpas y quiere que Eduardo Coudet lo deje volver



















Ricardo Centurión y Coudet Fuente: LA NACION – Crédito: Mauro Alfieri



Incontables son las veces en las que

Ricardo Centurión

generó conflictos y fue desplazado de distintos equipos. Como también son innumerables las oportunidades en las que pidió segundas y terceras oportunidades. En ese recorrido sinuoso que lo ubica en un extremo o en el otro de manera recurrente, esta vez lo llevó a uno de los costados de arrepentimiento.





























El mediocampista de

Racing

fue desplazado del primer equipo y ubicado con la reserva luego de un acto de indisciplina que el cuerpo técnico y los dirigentes consideraron que era imperdonable. Pero ayer el jugador volvió a pedir disculpas y lloró frente a las cámaras en busca de indulgencia.

Todo empezó con aquel empujón a Eduardo Coudet en el partido ante River, en el Monumental. Centurión se molestó porque lo hizo ingresar en el segundo tiempo cuando el equipo estaba perdiendo.






























Más tarde, el jugador inició acciones legales,
exigiéndole al club que le permitieran volver a entrenarse con el equipo de primera división. Cuando la situación se dirigía a un terreno irreconciliable, ahora el jugador volvió a dar un golpe de timón, esperando el perdón.

En declaraciones a TyC Sports, comentó: “Después de perder con River todo era silencio y dolor. No tomé dimensión de lo que hice en ese momento. Al otro día dije: ‘Qué carajo hice, la cagué mal’. Estaba caliente por no haber entrado en el once inicial y me la agarré con el que no me la tenía que agarrar. El Chacho no se merecía que lo empuje. Él me bancó en todo momento. Lo miraría a los ojos y le pediría disculpas”.















Lo curioso es que Centurión dice que se arrepintió al día siguiente del incidente. Sin embargo, en los días posteriores, siguió utilizando sus redes sociales para burlarse del entrenador.

En su nuevo pedido de clemencia, explicó: “Al otro día Milito me llamó y me dijo que no vaya a entrenar. Mandarme a la reserva fue una penitencia, comer mierda y la comí. El Chacho le dijo a mi representante que mi tema estaba terminado. Entiendo que no quiera hablarme, debe tener sus razones, me gustaría arreglar las cosas”.



























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