Acusan por intento de asesinato al policía que le hizo perder un ojo a un chico de 17 años


Gatillo fácil

Quedó detenido. Los agentes de la Bonaerense buscaban electrodomésticos robados en un colegio y entraron a la casa equivocada.


Marina Candia y la foto de su hijo de 17 años, que perdió un ojo por un disparo de posta de goma policial en un allanamiento por error en Lomas de Zamora. Foto Germán García Adrasti.

Ignacio usa lentes de sol. Desde que pudo levantarse de la cama los usa para esconder las marcas que quedaron en su rostro. Perdió la visión del ojo derecho cuando un policía de la Bonaerense le disparó una posta de goma en la cara y a corta distancia. Fue en medio de un allanamiento por error que hicieron en su casa de Villa Centenario, en Lomas de Zamora​. Tras el reclamo de su familia, un mes después del brutal ataque detuvieron al agente y agravaron su acusación.

El chico tuvo que mudarse con su papá después de lo que ocurrió para continuar con su recuperación. El dolor que le produjeron los golpes, los perdigones y el disparo de una posta de goma es tal que vive medicado desde la mañana del hecho. Las lesiones en la cara le quitaron la visión y está prácticamente ciego con sólo 17 años. De uno de sus ojos podrá recuperarse. El otro lo perdió para siempre.

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A un mes del caso, el fiscal Sebastián Bisquert, de la UFI N° 8 de Lomas de Zamora, solicitó la detención del subteniente David Antonio Daniel y agravó la acusación en su contra. El oficial quedó preso por «homicidio agravado cometido por un miembro de fuerza de seguridad en grado de tentativa, lesiones leves, vejaciones y/o apremios ilegales«.

La familia donde la Policía bonaerense hizo un allanamiento por error, en Lomas de Zamora. Foto Germán García Adrasti.

La familia donde la Policía bonaerense hizo un allanamiento por error, en Lomas de Zamora. Foto Germán García Adrasti.

El sábado 20 de junio, alrededor de las 8, Marina Candia (36) dormía con su pareja, Nelson Cabrera (33), y su beba Ariadna, de dos años. En un cuarto, atravesando un pequeño patio, estaba Ignacio Seijas (17), el hijo mayor de Marina, fruto de una relación anterior.

Un grupo de 10 agentes del Grupo de Apoyo Departamental (GAD) de la Bonaerense irrumpió en la casa. Tenían una orden de allanamiento, pero para otro departamento, en el que buscaban electrodomésticos que habían sido robados de una escuela del barrio. La investigación la había llevado adelante personal de la comisaría 7° de Villa Centenario.

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Marina llegó a levantar a su hija en brazos y -según denunció- los policías le apuntaron mientras la sostenía. A Nelson lo tiraron al suelo y le pisaron la cabeza. Pero lo peor llegó después.   

Cuando Ignacio escuchó los gritos quiso entrar a la casa para ver qué pasaba. Para hacerlo tenía que atravesar una puerta de chapa desde el patio, que no tiene cerradura ni picaporte, por lo que usó una especie de cuchillo tipo Tramontina.

No llegó a dar un paso que se encontró con los oficiales y el subteniente Daniel le disparó con su escopeta. No dio la voz de alto y las postas de goma de su arma hirieron a «Nacho» directo en la cara. Bañado en sangre, fue tirado al piso y pateado: «Chorro de mierda«, «Negro hijo de puta«, fueron algunas de las agresiones que los agentes de la Bonaerense repitieron en el bochornoso operativo.

Marina Candia y su familia. Foto Germán García Adrasti.

Marina Candia y su familia. Foto Germán García Adrasti.

«Nos pareció bien la detención porque es lo que nosotros queremos: justicia. Ahora lo que vamos a pedir que también se juzgue al responsable del operativo (que dio la orden de ingresar a un domicilio equivocado) y al agente que pateó e insultó en el piso a Ignacio», dijo Nelson a Clarín.

El abogado de la familia, Antonio Eduardo Gómez, buscará que se inicien actuaciones contra el resto de los agentes: «Cuando el chico estaba en el piso, lo ‘mataron’ a patadas. No es sólo el que disparó, cuando la mamá quiso intervenir para ayudar a su hijo, también la ‘mataron’ a patadas», describió.

Gómez explicó que, como representante del particular damnificado, solicitará la separación de todos los policías intervinientes y denunciará por la «posible comisión de delitos de acción pública» a los agentes que golpearon, insultaron y realizaron comentarios racistas contra el adolescente, mientras estaba herido en el suelo. También al quien llevó adelante el operativo y las tareas de investigación que derivaron en el allanamiento ilegal.

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«Si el que hizo la investigación previa hubiera señalado la casa de color verde furioso, con la numeración 1802 pintada en la pared, sin dejar resquicio a duda para resguardar los derechos de terceros, no estaríamos hablando de esto», detalló Gómez.

«Lo que hicieron fue una salvajada. Nosotros somos trabajadores, que ya veníamos con problemas porque yo no tengo trabajo. Por la cuarentena mi mujer también se quedó sin ingresos. Estábamos rebuscándonos haciendo comida y pasó esto. Mi hija de dos años se despierta llorando desesperada porque ella vio todo lo que hicieron y es muy apegada a su hermano», remarca Nelson. 

Mientras el adolescente afronta una dolorosa recuperación, la familia de Ignacio necesita conseguir una prótesis que permitirá que los músculos del rostro no pierdan fuerza y pueda afrontar el tratamiento. También quedaron llenos de deudas porque, dos días antes del brutal allanamiento en su casa, habían invertido todos sus ahorros en un horno para poder cocinar las comidas preparadas que vendían.

«Nacho» los ayudaba repartiendo y cuidando a su hija mientras trabajaban. Pablo Seijas, el padre de Ignacio, es herrero y por el aislamiento tampoco tiene trabajo. 

Desde el grupo de Facebook Justicia por Ignacio Seijas difundieron una cuenta bancaria para quienes puedan ayudar a recaudar dinero para la prótesis. También, acompañaron a la familia de Facundo Castro Astudillo (22) y exigieron su aparición con vida a tres meses de su desaparición. 

Ignacio Seijas (17), el adolescente baleado por policías en su casa de Lomas de Zamora.

Ignacio Seijas (17), el adolescente baleado por policías en su casa de Lomas de Zamora.

Para Nelson, seguir adelante es la única manera: «Nosotros somos convencidos de que sentarnos en una silla a vernos las caras y estar sufriendo por lo que nos pasó no nos va a llevar a ningún lado. Todos los días nos tenemos que levantar, arremangarnos y trabajar», dice.

Y completa: «Nacho es la voz de un montón de pibes que vienen matando desde hace un montón de tiempo. La diferencia es que él está con vida. Nosotros estamos abocados a que esto cambie de una manera institucional. Lo vemos todo el tiempo, tienen que capacitar a estas personas para que no se acerquen a mutilar una familia»

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